Óbidos, Portugal
Óbidos es una pequeña villa medieval del centro de Portugal, rodeada de murallas. El castillo, las casas blancas, las estrechas calles empedradas y las antiguas iglesias conservan el carácter de una población marcada por muchos siglos de historia.
El casco histórico es lo bastante pequeño para recorrerlo a pie en un par de horas. Pero Óbidos no es solo el castillo y su calle principal. Basta desviarse por una calle lateral, subir a las murallas o entrar en una de sus pequeñas iglesias para descubrir que la villa ofrece mucho más de lo que parece a primera vista.
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Desde la Prehistoria hasta la tierra portuguesa
La fecha de fundación de Óbidos se pierde en el tiempo. Lo que sí sabemos es que esta región estuvo habitada desde tiempos muy remotos: numerosos hallazgos arqueológicos prueban la presencia humana desde el Paleolítico. Los primeros indicios de un asentamiento en sentido urbano corresponden a la ciudad romana de Eburobrittium, aunque no existen pruebas convincentes de que estuviera dentro de la actual Óbidos.
Tras la caída del Imperio romano, la península ibérica quedó bajo dominio visigodo. Tradicionalmente se considera que en este periodo aparecieron los primeros santuarios cristianos en la colina de Óbidos. La hipótesis más extendida sostiene que la actual iglesia de Santa María ocupa el lugar de un templo paleocristiano.
A comienzos del siglo VIII, Óbidos, como gran parte de la península ibérica, pasó a dominio musulmán. Los primeros elementos de las fortificaciones que pueden fecharse con cierta seguridad suelen atribuirse a la primera etapa de dominio islámico.
Durante la Reconquista, Alfonso I de Portugal tomó el control de Óbidos el 11 de enero de 1148. Hoy, el 11 de enero es fiesta municipal y la fecha se considera uno de los acontecimientos fundamentales de la historia local.
Sin embargo, el castillo actual no puede llamarse simplemente «el castillo que conquistó Alfonso I». Las crónicas no permiten saber con claridad cómo era Óbidos cuando pasó a sus manos. La primera mención documental de la palabra «castillo» es de finales del siglo XII, y las grandes obras de fortificación continuaron bajo el siguiente rey, Sancho I.
A mediados del siglo XIII, durante una lucha por el trono, Óbidos fue sitiada pero se mantuvo fiel al ya derrotado Sancho II. A este episodio se asocia tradicionalmente el título honorífico «Mui Nobre e Sempre Leal» («Muy noble y siempre leal»).
El esplendor de la villa de las reinas
En 1210, Alfonso II entregó Óbidos a su esposa, Urraca de Castilla. En 1282, Dionisio I siguió el ejemplo de su antepasado y la concedió a su esposa, Isabel de Aragón. Durante siglos, Óbidos formó parte de la Casa das Rainhas, el patrimonio de la reina: un conjunto de señoríos, tierras, derechos y rentas destinado al sostenimiento de la reina consorte de Portugal.
Las reinas recibían mucho más que un castillo. Poseían derechos e ingresos vinculados a la villa y a las tierras circundantes, por lo que tenían un interés directo en su desarrollo. Esta relación duró más de seis siglos, hasta la abolición de la Casa das Rainhas y de este patrimonio en 1834.
La reina Leonor de Viseu ocupa un lugar especial en la historia de Óbidos. Tras la muerte de su único hijo, el infante Alfonso, en 1491, pasó mucho tiempo aquí y participó activamente en proyectos religiosos y benéficos.
En 1513, Óbidos recibió un nuevo foral, una carta real que definía los derechos y obligaciones de la villa y le daba mayor margen en la administración local y la fiscalidad.
Hacia 1653 se instaló en Óbidos la pintora barroca Josefa de Óbidos. Aquí creó una parte importante de su obra, incluidos retratos de la familia real y pinturas para la iglesia de San Pedro.
Declive y última guerra
El 1 de noviembre de 1755, el terremoto conocido como terremoto de Lisboa causó también graves daños en Óbidos. El castillo, las murallas y los edificios de la villa quedaron afectados. Los daños fueron tan extensos que la superviviente capilla de San Martín sirvió durante décadas como parroquia principal —y única—.
Durante las guerras napoleónicas, el 15 de agosto de 1808, avanzadas francesas y anglo-portuguesas chocaron bajo las murallas de Óbidos. La artillería de las fortificaciones abrió fuego contra las tropas francesas y las obligó a retirarse. Muchos siglos después de su construcción, la fortaleza medieval cumplió por última vez su función militar.
Óbidos había perdido buena parte de su importancia militar mucho antes de este último combate y fue perdiendo también peso administrativo. En 1834 se abolieron la Casa das Rainhas y el patrimonio de la reina al que Óbidos había pertenecido durante siglos. La villa perdió además su vínculo especial con la corte y comenzó un largo periodo de decadencia.
Renacimiento como monumento histórico
En 1910, el castillo y las murallas de Óbidos fueron declarados Monumento Nacional de Portugal. En la década de 1930 comenzaron importantes trabajos de consolidación y restauración.
En 1951 abrió dentro del castillo la Pousada do Castelo, uno de los primeros intentos portugueses de dar un uso comercial a un monumento histórico conservando el edificio.
Desde mediados del siglo XX hasta hoy continúan los trabajos para conservar el aspecto histórico de la villa. Los restauradores estudian planos antiguos, documentos y archivos municipales para preservar o recuperar detalles perdidos.
Hoy Óbidos es una de las villas históricas más conocidas de Portugal. Pero tras sus fachadas blancas y murallas restauradas se esconde una historia mucho menos tranquila: una fortaleza musulmana, guerras medievales, dominios de las reinas portuguesas, un terremoto, una invasión francesa y grandes restauraciones en el siglo XX.
Muchas huellas de esa historia siguen visibles con solo pasear por sus calles.